sábado, 10 de abril de 2010

Dignificado a tope

En mi vida he perdido y he tirado muchos trabajos. Trabajando en informáticas y telecos, llevo oyendo incesablemente la palabra "crísis" en boca de todos los asalariados durante poco menos de una década; más o menos desde que se privatizó Telefónica, nos la terminaron de robar con las stock options, y alguien le compró Lycos a su primo el del pueblo echando los restos. Los mercados internacionales miraron a las tecnológicas como ése post-adolescente que redescubre su colección de porno blandito bajo su cama: "¿y yo cómo podía ponerme palote con estas choripolleces?"

Mi trabajo actual lo conseguí gracias a dos conceptos bien definidos: amiguismo, ya que fue mi compañero quien me recomendó y presentó mi currículum; y mi jefe, que retrasó mi entrevista dos veces, para finalmente meterme en un despacho a preguntarme que qué tal tiempo hacía (eso sí, en inglés).

Desde entonces estoy muy contento. No es que me muera de puro éxito, y a veces me tengo que reír por no llorar con según qué cosas, pero nada es comparable a la obligación que tuve hace unos años de ser feliz por contrato cuando trabajé en amena, o cuando e-moción se petaba en Telefónica y tenía que cargar un portal estático e inventarme las noticias a tiempo real del tráfico en Madrid y Barcelona, o cuando me tenía que inventar los históricos facturables de otra importante empresa de telefonía móvil cuando les desarrollaba una base de datos con oracle mientras cobraba menos que la señora de la limpieza (y los tres pobrecicos que venían nuevos conmigo menos aún, claro).

Pero hoy por hoy puedo pagarme la hipoteca de la casa en la que vivo (y que odio con toda mi alma) y de vez en cuando puedo pagarme un cine y alguna cena. Lo cual estaría realmente bien si trabajase... no sé... cuarenta horas a la semana, por decir algo. Pero por A o por B acabo trabajando unas pocas más (y por pocas me refiero a que hay días en los que tengo que elegir entre dormir seis horas o poner la lavadora preveyendo que dentro de dos días ya me va a tocar tener que darle la vuelta a los gallumbos o ir a lo comando).

En las empresas grandes, sobre todo en las que trabajan con asesorías y empleados externos, es muy divertido el momento en el que puedes tener acceso a algunos de sus números. Mola cumplir los treinta llevando traje y corbata y afeitarte todas las mañanas para después tirarte diez horas representando tu papel en una compañía internacional de vanguardia, cuando en realidad de lo que se trata es de que la España profunda consulte el horóscopo de Rapel y se descargue a baby carapolla cantando la marsellesa (coste cero, hace años que la infraestructura está amortizada, con los contenidos y la propia telefonía móvil se lo llevan muerto, su único gasto son cuatro becarios y dos servidores).

Veréis, cuando uno se asombra y se maravilla por los grandes logros y los grandes avances que ha coseguido la humanidad en estos doscientos mil años, tan sólo se está haciendo un pajote como el que se podría hacer un babuíno subido a la rama de un árbol. Vuestro órgano más importante es el cerebro, sí, pero no es necesario nada más complejo que conceptos como "golpea al depredador con algo duro, cómetelo, cúbrete con los restos de su cadáver para no morir de frío, y fecunda a esa hembra antes de morir de algo infeccioso y jodidamente doloroso". La evolución de la civilización ha eliminado todos los conceptos salvo el de la hembra a fecundar y han cambiado la carcasa de un felino gigante sarnoso por un ford focus. Los avances y los logros no son mérito de la humanidad, sino de unos pocos cientos de hombres y mujeres. Anomalías, puras mutaciones que, de pura casualidad, nos han permitido llegar hasta donde estamos, a veces catalizados a través de los intereses de esos que no se conformaban con dejar comer y follar primero al macho alfa (cuando las hembras a fecundar corren más que tú, uno se inventa hasta el capitalismo si hace falta, esto es así), o bien por rarísimo y verdadero humanismo y sentido de la educación civil.

Divago. Decía que da mucha risa ver los números de las empresas grandes. Pero cuando ves los números de una empresa pequeña que de repente quiere jugar a ser una empresa grande... ahí ya sí que puedes ir metiendo palomitas en el microondas. Porque las hostias no te caen de uno u otro departamento, o de algún lejano y remoto gabinete, no. Ahí las hostias las puedes ver rodar de mesa en mesa desde la oficina del director hasta tu puta boca. Y cuando el hermano feo de Barney Stinson (que no debe llevar ni tres meses aquí) se mete en su personaje y te cuenta que te van a poner a trabajar sábados y domingos, PEEEEEEERO sin cobrar lo que hasta ahora te han pagado por tus horas extras porque esto es una empresa y su objetivo es ganar dinero... te quedas un poco con el culo torcido. Claro, es una empresa pequeña, yo sé (porque los documentos los creo yo mismo) que una hora extra de mi trabajo al cliente le cuesta entre 140 y 210 pavos, con un mínimo a facturar de dos horas, de los cuales yo veo 35, te da qué pensar. Pero, oye, la empresa se lo ha currado y ha podido llegar a cobrar lo que cobra gracias al renombre y al esfuerzo del que lleva haciendo gala ya bastantes años. Y además ahí fuera están callendo chuzos de punta: Somo, tío, respira hondo, cuenta hasta diez, eres un junco hueco, eres un junco hueco, eres un junco... Cuando además te dice, después de la bombita, que criticar su gestión (de él, el que me acaba de decir que está activamente trabajando por devaluar mi puesto de trabajo) es poco ético, pues ya al junco hueco se le pone esta cara:


Bueno. No pasa nada. En todas partes cuecen habas, y ya me parecía raro que mi brutalmente honesta bocaza no me hubiese metido en problemas hace ya tiempo soltando verdades como puños de potencia. Y además, es viernes. El jueves fue muchísimo mejor: uno de nuestros clientes tiene una sala llena de armarios hasta arriba de equipos. Equipos de SUS clientes (sí, amigos, clientes de clientes, la sal y la pimienta del guión de cualquier película de los hermanos Marx). Y algún comercial (tenemos dos, un ficus informático y la presidenta del club de fans de Esperanza Aguirre) decidió que si al cliente del cliente lo convertía directamente en cliente, podría vender tres armarios más, ya que el primer cliente tenía firmado el alquiler de su sala, sus armarios y el suministro eléctrico por a saber cuánto tiempo (pero el poco ético soy yo, al loro).

Total, que al cliente de cliente (que se dedican a la usura mafiosa disfrazada de créditos personales, seguro que habéis visto algún anuncio en televisión) se le presupuestan nuestros culos durante cuatro horas (x2 técnicos = 8 horas) para mover sus equipos desde la sala del primer cliente hasta sus nuevos armarios. Bueno, pues mi jefe me avisa de esto el miércoles. Mi jefe es un tipo muy listo. Lo digo totalmente en serio. Se debió de gastar todos sus puntos de personaje en eso, porque en todo lo demás el tío es un cromo. Tras dos años yo ya he llegado a la conclusión de que no me va a mostrar ni educación ni mucho menos respeto, así que le correspondo en lo posible y me conformo con que al menos me pague, que es para lo que me pongo el despertador todos los días (aunque sea con algún mes que otro de retraso -pagarme, no el despertador-). Resumo la fantástica gestión que se hizo de esta migración de equipos: estuvimos de ocho de la mañana a once de la noche, alternando el volúmen de trabajo habitual de nuestro departamento con hermosos armatostes unix de 130 kilos (y con las conexiones en nuestra propia sala de comunicaciones de las que nadie nos había hablado y que habríamos tenido casi un mes para planificar). No os voy a aburrir. Digamos que ganamos muchos puntos de experiencia matando orcos. Porque encima en el muelle están de obras y no podemos acceder al almacén porque un señor muy raro con gafas y un mono azul lleva días ensamblando unas escaleras metálicas que nos den acceso. El Jimmy Hendrix del soldador. El Tony Stark español. Que no nos explicamos qué pollas lleva haciendo tanto tiempo ahí abajo. Que debe de estar desmontando misiles para sacar paladio. Que el día menos pensado vamos a salir del montacargas y nos lo vamos a encontrar en plan:


Ah. Una semana dura. Al menos ayer tuvieron la gentileza de comunicarnos que Correos necesitan que les etiquetemos y lancemos 126 cables para antes del martes. Creo que por favor y sin a penas reírse. Y a estos no se les cobra nada, porque alguno de nuestros comerciales les regaló 400 horas de trabajo al año con su contrato (del cual ellos van a comisión, claro). Por cierto, que mi jefe luego me enseña gráficos de colores y me dice que el departamento es deficitario, y que, o espabilamos, o lo externalizan el día menos pensado. Por fortuna mi vida personal fuera del trabajo es muchísimo más plena y satisfactoria. Ah, no.

Pero bueno, tal vez todo se explique porque tras la semana santa es normal que haya un pequeño aumento en el volúmen de trabajo del departamento. De no ser porque me pasé la semana santa sin ver la puta luz del Sol entre sandwiches de máquina y reflectómetros.

Peor lo tiene mi compañero, que le dió por ofrecerse a programar una herramienta informática para gestionar los accesos al edificio y ahora le tienen implementando versiones y redactando manuales sin pagarle un duro de más, o en lugar de contratar a un asesor que se lo haga (o hacerlo ellos mismos). Hay días que cuando salgo de la oficina y le dejo de turno de tarde me siento un poco Butch.


Y no sé a dónde quería llegar con este post, pero me ha entrado sueño.

Otro día os hablo más del nuevo director de operaciones, que promete ser el típico que:


Por lo demás todo bien, gracias.

Hala, salaos.

PD: Te dedico el post, sora-wara, que he escrito esto mientras pensaba en ti mirándome los pezones, que aún los tengo de un color que tan sólo podría definir como... verdanja...

8 comentarios:

LoKKie dijo...

ummmm...curro??? jefes cabrones??? putadas laborales??? siii,creo que...lo recuerdo,hace mucho mucho tiempo...xD

que asco de paro,joder xD

mjjulieta dijo...

ay... me han entrado ganas de llorar y de aplaudir a la vez.

tendrá q ver el trozo de chip con chili q se me ha metido en el ojo??... ay...

po zí, somo. a unos los tienen escrutando papeles y cables, y a otras les obligan a llevar tacones con lo q le cuesta subirse al andamio...

felices sueños. un beso.

Amanita Faloides dijo...

Mmmmm... Too sexy for my cat...
Be careful Somo...

Somófrates dijo...

I will.

Aunque esté cantado que me quedan dos telediarios.

Rebilated dijo...

Hmmmmm... espero que no.

Barbijaputa dijo...

Yo también espero que no.

Anónimo dijo...

NO

. . .

Blogger dijo...

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