domingo, 17 de febrero de 2008

Besa mi anillo.

Carmen Calvo, ministra de cultura, siempre se ha declarado fan de grupos como Metallica o Lujuria. Curri Valenzuela, esa mujer que atribuye los tres primeros puestos de responsabilidad en el hundimiento de España a Zapatero, Otegui y Almodóvar respectivamente, se ha hecho eco de esto hasta el punto de mencionarlo durante dos días seguidos en su tertulia. Curiosamente, y a la zaga, la siguen d4e la noche a la mañana todos los medios digitales de Doña Cuaresma. Serán cosas de la menopausia y la falta de lubricación, o algo.


Así que hoy os traigo tres "real guitar heroes" un tanto peculiares. Lujuria, Curri Valenzuela y Pérez-Reverte. Éste mediante un texto publicado en "el Norte de Castilla" y no un tutubo, que es como más de su estilo.







Artículo extraido del dominical del diario "Norte de Castilla" número 1051:


No soy muy aficionado a la música,
excepto cuando una canción –copla, tango, bolero, corrido, cierta clase de jazz– cuenta historias. Tampoco me enganchó nunca la música metal. Me refiero a la que llamamos heavy o jevi aunque no siempre lo sea, pues ésta, que fue origen de aquélla, es hoy un subestilo más. Siempre recelé de los decibelios a tope, las guitarras atronadoras y las voces que exigen esfuerzo para enterarse de qué van. Las bases rítmicas, el intríngulis de los bajos y las cuerdas metaleros, escapan a mi oído poco selectivo. Salvo algunas excepciones, tales composiciones y letras me parecieron siempre ruido marginal y ganas de dar por saco, con toda esa parafernalia porculizante de Satán, churris, motos y puta sociedad. Incluidas, cuando se metían en jardines ideológicos, demagogia de extrema izquierda y subnormalidad profunda de extrema derecha. Etcétera.

Sin embargo, una cosa diré en mi descargo. De toda la vida me cayeron mejor esos cenutrios largando escupitajos sobre todo cristo que los triunfitos relamidos, clónicos y saltarines, tan rubios, morenos, rizados y relucientes ellos, tan chochidesnatadas ellas, con sus megapijerías, sus exclusivas de tomate y papel cuché, y toda esa chorrez envasada en plástico y al vacío. Al menos, concluí siempre, los metaleros tienen rabia y tienen huevos, y aunque a veces tengan la pinza suelta y hecha un carajal, éste suele ser de cosas, ideas, fe o cólera que les dan la brasa y los remueven, y no de cuántas plazas será el garaje de la casa que comprarán en Miami cuando triunfen y puedan decir vacuas gilipolleces en la tele como Ricky, como Paulina, como Enrique.

Pero de lo que quiero hablarles hoy es de música metal. Ocurre que en los últimos tiempos –a la vejez, viruelas– he descubierto, con sorpresa, cosas interesantes al respecto. Entre otras, que esa música se divide en innumerables parcelas donde hay de todo: absurda bazofia analfabeta y composiciones dignas de estudio y de respeto. Aunque parezca extraño y contradictorio, la palabra cultura no es ajena a una parte de ese mundo. Si uno acerca la oreja entre la maraña de voces confusas y guitarras atronadoras, a veces se tropieza con letras que abundan en referencias literarias, históricas, mitológicas y cinematográficas. Confieso que acabo de descubrir, asombrado, entre ese caos al que llamamos música metal, a grupos que han visto buen cine y leído buenos libros con pasión desaforada. Ha sido un ejercicio apasionante rastrear, entre estruendo de decibelios y voces a menudo desgarradas y confusas, historias que van de las Térmópilas a Sarajevo o Bagdad, incluyendo las Cruzadas, la conquista de América o Lepanto. Como es el caso, verbigracia, de Iron Maiden y su Alexander the Great. La mitología –Virgin Steele, por ejemplo, y su incursión en el mundo griego y precristiano– es otro punto fuerte metalero: Mesopotamia, Egipto, La Ilíada y La Odisea, el mundo romano o el ciclo artúrico. Ahí, los grupos escandinavos y anglosajones que cantan en inglés copan la vanguardia desde hace tiempo; pero es de justicia reconocer una sólida aportación española, con grupos que manejan eficazmente la fértil mitología de su tierra: Asturias, País Vasco, Cataluña o Galicia. Tampoco el cine es ajeno al asunto; las películas épicas, de terror o de ciencia ficción, La guerra de las galaxias, Blade Runner, Dune, las antiguas cintas de serie B, afloran por todas partes en las letras metaleras. Lo mismo ocurre con la literatura, desde El señor de los anillos hasta La isla del tesoro o El cantar del Cid. Todo es posible, al cabo, en una música donde el Grupo Magma canta en el idioma oficial del planeta Kobaia –que sólo ellos entienden, los jodíos– mientras otros lo hacen en las lenguas de la Tierra Media. Donde Mago de Oz alude –La cruz de Santiago– al capitán Alatriste y Avalanch a Don Pelayo. Donde los segovianos de Lujuria lo mismo ironizan sobre la hipocresía de la Iglesia católica en cuestiones sexuales que largan letras porno sobre Mozart y Salieri o relatan, épicos, la revuelta comunera de Castilla. Y es que no se trata sólo de estrambóticos macarras, de rapados marginales y suburbanos, de pavas que cantan ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria. Ahora sé –lamento no haberlo sabido antes– que la música metal es también un mundo rico y fascinante, camino inesperado por el que muchos jóvenes españoles se arriman hoy a la cultura que tanto imbécil oficial les niega. El grupo riojano Tierra santa es un ejemplo obvio: su balada sobre el poema La canción del Pirata consiguió lo que treinta años de reformas presuntamente educativas no han conseguido en este país de ministros basura. Que, en sus conciertos, miles de jóvenes reciten a voz en grito a Espronceda, sin saltarse una coma.

En fin, amiguitos. Yo tampoco soy muy fan del metaleo patrio (el virtuosismo y la pelanería merecen una tésis), y disiento con Reverte en lo de las góticas con casco vikingo, pero valga este aburrido post para recordarles a ustedes ése gran "ley motiv" del cuero, los flecos, la litrona y los vaqueros de pitillo: ¡KAÑA AL FACHA!

6 comentarios:

Profesor Negativo Junior dijo...

¿"Pedrerastras"? ¿Curri, ha dicho "pedrerastras"?

¿Cómo va a ser una canción de denuncia de la iglesía católica?Nooooo que va... es apología de de "pedrerastria"

Y esas voces que gritaban en la calle... ¿Qué voces?

Pero ¿Esta mujer no tiene nada mejor que hacer? ¿No tiene nada que informar?

El otro día la tía de mi "media chirimoya" comentó que en la China comen fetos humanos. Y yo dije... pero ¿de donde coño se habrá sacado eso? Pues ya me hago una idea.

Buen post. Si señor.

Isabelo dijo...

Joder, menos mal que han escuchado a estos Lujuria y no a Reincidentes; les daba algo.

Pero bueno, es lo que tú dices, es la tía que entre sus 100 personajes que rompen España, coloca tercero al pobre Almodóvar, muy por encima de Txeroki, si no recuerdo mal -algo que parece un poco desproporcionado, según su propia lógica-.

Sobre el artículo de Reverte, a este hombre sólo le faltaba meterse a jevi sinfónico, o mitológico; la madre que lo parió. Tierra Santa dice, qué hostia le daba en mitad de la boca -menos mal que no sabrá el suficiente inglés para escuchar Rhapsody o alguna mierda escandinava-.

querida_enemiga dijo...

Muy buen post. Qué gentuza, no tienen nada mejor que hacer... están defendiendo lo suyo como gato panza arriba, creo yo que porque se ven en el arroyo.

Me tocan muchísimo la moral cuando se meten con mi tierra, y ahora se meten también con mi música. Vamos, que les adoro.

Os mandé un mail, ¿lo visteis?

Bueno, sólo me quiero asegurar de haberlo mandado a la dirección correcta.

querida_enemiga dijo...

Tampoco es que sea fan del metal español (salvo uno o dos grupos a lo sumo)... pero es el hecho de irse a tocar la moral a todo lo que se mueve.

The Seeker dijo...

Si está visto que los metaleros somos unos incomprendidos... ¿ópera chunga con corsé gótico y casco de walkiria?

De ruido nada. Vir tuo sis mo. :)

Blogger dijo...

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