jueves, 31 de enero de 2008

No me llames Dolores. Llámame Lola.

Últimamente en algunos blogs que ojeo he visto comentarios acerca de dolores físicos y encuentros médicos en la tercera fase. El de Querida Enemiga me llegó al alma por su sufrimiento y el de LorzaGirl me recordó esos momentos de incomprensión por parte de los doctores que todos hemos percibido alguna vez. Vaya por delante mi reconocimiento a los profesionales de la medicina: "Si. Son ellos. El número 2 y el 5. No puedo olvidar sus caras. Comisario, no… no me haga mirarlos más – sollozo-" *
Tengo grandes hitos en mi historial médico que incluyen momentazos como: “Neumonía agravada por un mal diagnóstico” a “Esas manchas en la piel… ¿no será sucio?” (gracias por el voto de confianza, Dr. House). Pero hoy me voy a centrar en El Dolor.


Lo primero que debemos señalar es que el dolor no es malo, simplemente, está incomprendido por la sociedad. De hecho el dolor es bueno ya que se trata de una señal de alarma que manda el cuerpo para avisar que algo va mal. El dolor se puede definir como una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada con una lesión real o potencial de un tejido.
Vamos que qué suerte que podemos disfrutar del dolor, sin él podríamos recibir una puñalada en la espalda y, al no sentir la señal de alarma morir desangrados (pero contentos). Vale que es bueno, pero coño, ya lo podían haber diseñado mejor. No sé, una vibración fuerte, un tosido en el oído, un carraspeo… Vamos que la naturaleza será sabia pero un máster no le venía nada mal por que cuando te duele DE VERDAD juras en arameo.


Ahora viene mi experiencia personal. Sufrí uno de esos dolores que se supone que es de los más intensos que pueden soportar el cuerpo humano. Empieza la historia…


Corría la loca década de los 90 y yo estaba en una clase de Economía Política (no, el dolor aún no ha comenzado). Después había quedado en un bar cercano a la facultad para explicar a un compañero el modelo Hicks-Hansen (ISLN para los amigos) y después darnos a las labores propias de nuestro sexo y condición (Mus).
Quedaban unos diez minutos para terminar cuando me empezó a surgir una pequeña incomodidad por la parte contratante – “vaya, debo haber escogido un calzoncillo pequeño… quizá es que estoy engordando”. La incomodidad se fue intensificando de forma continua mientras yo me revolvía en el asiento. El profesor decidió que iba a prolongar la clase algo más de lo normal para terminar la lección. Para que se hagan una idea de lo molesto que empezaba a ser aproveché un momento de confusión que produjeron los aspersores del césped poniéndose en funcionamiento para tratar de huir pero el profesor me dijo “espera, espera… si ya termino”.
Cuando quedé libre me dirigí al bar para comentar a mi compañero que no estaba bien del todo y que estaba planteándome irme a casa. No tuve que dar muchas explicaciones, mi aparición fue espectral. Estaba amarillo y encogido. Otro compañero me dio dinero para un taxi y me dijo: “vete a casa. Ya”.
Llegué a casa sudando, amarillo verdoso, con temblores y agarrándome las ingles. No había nadie en casa así que llamé al trabajo a mi madre y le dije: “Maaam…á… no me encuentro bien”. Como sería mi tono que me dijo nada más: “Coge las cosas del médico. Voy para allá”.
El dolor era tal para entonces que, cuando mi madre llegó, yo la estaba esperando retorciéndome en el portal del edificio. Cogimos un taxi y el taxista sacó el pañuelito por la ventanilla y todo (ye-haw!). Para entonces yo estaba verde y mi madre, solo de verme, empezó a llorar.
En este punto hay que decir que pensé que me estaba muriendo. Por primera vez, fui totalmente consciente de que tenemos fecha de caducidad, de que somos mecanismos frágiles, sentía como los sistemas de mi cuerpo se habían colapsado y estaba empezando a tener un fallo general. Empezaba a ver el túnel con la luz al fondo.
Cuando llegamos a urgencias me tocó una amable doctora. Yo que no soy muy amigo de las agujas creo que llegué gritando:
- ¡DROGAS! ¡DROGAS! DIOS… métanme en vena lo que sea pero acaben con este dolor.
- A ver ¿Qué te pasa?
- Me duele… ¡un huevo!
- Aha… ¿Dónde?
- No, no… que me duele un huevo… un… un testículo.
- Ahhh… muy bien vamos a explorarte.
A partir de aquí la cosa podría prometer pero no estaba yo para fiestas. Me pasaron a un box donde me esperaba la doctora… JUNTO CON MEDIA DOCENA DE ESTUDIANTES FEMENINOS. La guinda es que ese día yo me había puesto mis calzoncillos de la suerte, una propuesta arriesgada, bóxers de tela escocesa roja con mucho carácter.
Después de mi primera sesión de animador de fiestas de soltera me mandaron pruebas y análisis antes de darme cualquier tipo de calmante. Un enfermero me llevaba de una prueba a otra sentado en una silla de ruedas mientras conversábamos como caballeros:
- ¡AaaAAAaargh!
- Vamos, vamos… no es para tanto.
- Hi… hi… jodeputa.
Al final me diagnosticaron un cólico nefrítico y me pusieron drogas en vena e intramusculares. Me quedé como un bendito. Me dijeron que tenía que visitar al urólogo (música de terror) para que me comentase si necesitaba tratamiento.


Fin de la primera parte (próximo capítulo: La Mano que Mece tus Joyas de la Corona)
* Esta entrada se la dedico a los profesionales de la medicina que administran cuidados paliativos No, no lo hacen por capricho, ni por gusto. Un saludo señores.

7 comentarios:

Charles M. Towsend dijo...

¡Oh, cuantos recuerdos!
Mi primer cólico nefrítico chispas.
Yo estuve meando sangre durante una semana.
Literalmente.

The Inner Girl dijo...

Jajajajaja...

Disculpa.

(Sonido de atragantamiento con mi propia saliva.)
(Sollozo.)
(Cara congestionada pero SERIA).

Sí, ejem, hablando en serio, debiste pasarlo fatal, ahí, en calzoncillos y rodeado de mujeres jóvenes y sudorosas (porque hay que ver el calor que hace en los hospitales)...

querida_enemiga dijo...

Jolín... pobrecito.

Y te has acordado de mí... qué mono.

Luis dijo...

Puesss...voy a ponerme a escribir un post sobre una experiencia que tuve en urgencias también...si...ah, la parte del urólogo no incluirá una sonda del grosor de un dedo meñique por la uretra, no???

A cuidarse majo!

The Seeker dijo...

Cuando hay sondas de por medio es cuando realmente mola.

Oh, sí, nena. Oh, sí.

Profesor Negativo Junior dijo...

Bienvenidos todos, perdonen que no les haga pasar pero es que no me gustaría tener que volver a desinfectar el laboratorio.

Estimado Charles; Si, es muy espectacular ver salir globulos rojos por un orificio no destinado para ello originalmente.

Doña Inner: Pues si cree que hace calor en los hospitales ni le cuento en la consulta del urologo (vamos yo estaba sudando la gota gorda y no me había ni bajado los pantalones).

Querida Querida: Pues si mono... tenemos mejor memoria inmediata (por eso la recordé).

Licenciado Luis y the Seeker: Lamento decepcionarles pero la segund aparte no incluirá sondas... pero si meñiques.


Un saludo

Be dijo...

Como la segunda parte mole tanto como ésta voy a liar a un cirujano que conozco para que se escriba un post sobre operaciones de próstata. Lo saqué una vez por la radio y a todos los tios presentes se les quedó todo pequeñiiiiiito pequeñiiiiito... Y casi no era ni gore ni nada!